Universalidad y subalternidad latinoamericanas
Entrevista a George Yúdice (extracto), por TRISTESTÓPICOS
La versión completa se encuentra en www.tristestopicos.org
Tomando en cuenta el enfoque y los temas que trataste en tu conferencia Disidencias e incidencias1 nos gustaría conectar algunos puntos que directa o indirectamente se relacionan con los procesos de construcción del imaginario cultural de lo latinoamericano. Podríamos comenzar abordando la noción de ‘conveniencia’. ¿Qué tanto refleja esta palabra castellana el significado del concepto expediency, partiendo del marco sobre el que has planteado algunos problemas de las relaciones interculturales?
Lo que yo estaba manejando en mi libro El recurso de la cultura2 era efectivamente la palabra en inglés expediency. Este concepto se refiere justamente a aquello que te resuelve algo, que te ayuda a salir del paso. Supongo que la expresión ‘salir del paso’ se usa en muchos países latinoamericanos. Yo la conozco de México y Argentina. Algo que ayuda a salir del paso supone una conveniencia.
Esta noción de ‘conveniencia’ aparece en la actualidad como una plataforma para negociar lo cotidiano en términos de lo que en cada contexto dado le toca vivir a los individuos. En diversas ocasiones te has referido a casos en los que se produce un tipo de negociación interesante y problemática. El asunto de la licencia que el ministro de cultura de Brasil Gilberto Gil negoció con Creative Commons, a través de la cual el gobierno de Lula ha intentado recuperar y controlar el espacio de poder on line de la información. Al interior de esta negociación, sin embargo, parece emerger una brecha entre la intención de Gilberto Gil de ejercer el derecho a representar a la comunidad que ha de proteger la licencia y los diversos intereses y conveniencias que la comunidad brasileña encuentra al adherirse a una organización como Creative Commons. ¿Hay a tu juicio en esta situación algún tipo de apropiación o trampa escondida por parte del gobierno brasileño difícil de dilucidar a primera vista?
Podría ser que la hubiera pero lo veo en realidad difícil. No me queda claro el beneficio que podrían estar sacando. Lo que Gilberto Gil va a poner primero on line en ese archivo es música que ya es de dominio público; la licencia de Creative Commons consiste justamente en que deja a cada autor decidir la medida en que quiere o no registrar ahí su obra. El provecho real que se obtiene con ello es que se abre un espacio para que no sean las grandes empresas las que controlen la circulación de las obras que se registren en Creative Commons.No veo que se genere ahí una imagen especial de subalternidad sobre la identidad de los colectivos que participan en tales licencias ni me parece una cuestión dirigida tramposamente hacia el tercer mundo. Lo veo más como una alternativa frente a las grandes empresas que no comporta necesariamente una sujeción de la identidad. Lo que sí es cierto es que la música propia de los países del tercer mundo tiene un menor nivel de circulación y acceso debido a que todo pasa por las manos de las grandes empresas. Frente a esta realidad es verdad que las etiquetas de ‘países en vías de desarrollo’ yla de ‘tercer mundo’ pudieran servir para esconder algo.
Creative Commons, sin embargo, fue creado para que la gente en Estados Unidos tuviera una alternativa, pues ahí existen los mismos problemas que padecen otros países en los que dominan las grandes empresas. Un artista o un escritor de clase media en Estados Unidos tiene el mismo problema que un escritor de Brasil o de cualquier otra parte. Quienes terminan controlando los derechos son las empresas que monopolizan el marketing y la distribución. Estas formas alternativas frente a los derechos de propiedad intelectual de las grandes empresas no parecen estar vinculadas, por lo tanto, con una imagen particular de lo subalterno o, por ejemplo, con una community based art.3
¿Cómo se percibe desde Estados Unidos el fenómeno del aumento de la circulación del dinero a través de las remesas, en el cual convergen las migraciones, la explotación de la mano de obra latinoamericana y el uso de las nuevas tecnologías?
Los migrantes no suelen ser gente rica, pero probablemente tampoco es la gente más pobre. La gente extremadamente pobre, los que se están muriendo de hambre, no pueden emigrar. Los que están en la línea de la pobreza pero que han podido ahorrar algo, en cambio, sí. La última cifra que leí sobre las remesas hacia México sumaba casi 25 mil millones de dólares; es más que lo que genera la venta de petróleo de ese país. Uno de los mayores problemas con los que se enfrentan actualmente los países latinoamericanos es si esta cantidad de remesas es sostenible. En El Salvador esta actividad es el primer contribuidor al producto interno bruto; en México creo que es el segundo. Por esta razón los presidentes latinoamericanos y sus economistas tienen pavor de que desaparezcan las remesas. No sé cómo se percibe esto desde México pero en El Salvador se ha asumido como algo normal que la primera exportación del país sean personas. Esto se comenta así abiertamente y sin ninguna vergüenza. Los salvadoreños por lo tanto exportan mano de obra pues esos emigrantes sostienen la economía con sus envíos de dinero. Montar una fábrica en realidad se ha hecho innecesario para El Salvador, lo que se produce son personas para que se trasladen y manden remesas.
Partiendo de tu experiencia en el estudio de las políticas públicas de los países latinoamericanos ¿cómo interpretas la manera en que estos gobiernos han negociado su entrada en lo que se ha llamado la ‘sociedad de la información’ o la ‘sociedad del conocimiento’?
En toda América Latina se producen menos derechos intelectuales que en Corea del Sur. Esto se debe en parte a la decisión de las elites latinoamericanas de aceptar los términos de comercio de Estados Unidos y al hecho de otorgar demasiados derechos a sus empresas. La falta de control estatal desde las elites latinoamericanas ha fomentado esta situación. De manera diferente el modelo coreano consistió en desarrollar sus propios centros de investigación y en gestionar su propiedad intelectual por un lado y, como lo hizo también Taiwán,en copiar tecnologías por el otro. Una economía emergente tiene por lo general que robarse la innovación tecnológica para poder arrancar. No estoy hablando aquí de piratería de software, sino de tecnología utilizable por ejemplo para la producción de aviones o para la creación de más tecnología. La tecnología más valiosa son softwares que producen otros softwares; no aquel que sirve para escribir sino el que se emplea para crear otros softwares. Este es el campo que empresas como Microsoft se han dedicado a patentar. Debido a esta realidad, cuando estas empresas trabajan con países latinoamericanos, aunque en ellos exista una gran capacidad creativa, todos los derechos se fugan hacia Estados Unidos.
En esto radica el verdadero problema de las redes de comunicación en Latinoamérica. La red de Costa Rica, por ejemplo, es una de las redes per capita más amplia. Si uno se pregunta el por qué, la razón es que en este país está asentada la empresa Intel, una de las plantas más grandes de producción de electrónica. Uno podría darles crédito a los costarricenses por tener ahí una fuente de trabajo para muchos ingenieros de software. Efectivamente la red ayuda y es útil. El problema es que todo lo que hacen esos ingenieros latinoamericanos es propiedad intelectual de Intel. La empresa se aprovecha por lo tanto de la inteligencia y el conocimiento de estos ingenieros. En este mundo lo que cuenta es, por lo tanto, quién gestiona el derecho de propiedad intelectual de la creatividad. Lo que se necesita entonces son iniciativas que generen empresas propias con las que se bloquee la salida de los beneficios hacia Estados Unidos.
Está a punto de entrar en acción el espacio comercial online de la Unión Europea: el dominio .eu. Sus intenciones son las de generar una red virtual que unifique la capacidad empresarial europea. ¿Es viable pensar en una fórmula similar para las redes comerciales de América Latina?
Yo creo que desde MERCOSUR se están haciendo cosas interesantes. El MERCOSUR es una alianza muy dinámica aunque se enfrente actualmente a muchos problemas. Chile siempre la ha obstruido. Tiende a formar parte y a salirse de la alianza constantemente. De la misma manera que Inglaterra frente a la Unión Europea, Chile se ha mantenido de alguna manera al margen del MERCOSUR. Esto es en alguna medida comprensible. A diferencia de México, Chile no está al lado de Estados Unidos, por lo cual puede guiarse por sus propios intereses. Si un empresario chileno puede negociar bien con Estados Unidos o con China, para qué ha de meterse a negociar con Paraguay, Uruguay o Brasil. Quizá ahora le convenga negociar con Brasil pero no con otros países. MERCOSUR, sin embargo, supone una gran posibilidad. Una triada con Kirshner y Lula generaría un panorama distinto para Latinoamérica. Queda por resolverse, no obstante, el gran problema de la dependencia económica.
Siguiendo el modelo de Brasil, se debería buscar la unión entre países respecto al tema de la propiedad intelectual. Es difícil que México forme parte de esta unión debido a su dependencia con Estados Unidos, pero un país como Argentina podría animarse a entrar en la alianza, lo cual supondría ya un gran paso. El caso de Chile es interesante porque ahí se están desarrollando alternativas. Los chilenos, como los ingleses, son personas muy pragmáticas. Uno podría atribuir esto a Andrés Bello, quien en lugar de emigrar hacia Francia como intelectual se fue a Inglaterra y luego a Chile; el modelo de escuela que se instauró ahí es por lo tanto el modelo inglés- norteamericano.
Desde tu perspectiva ¿cómo se conecta por un lado el asunto de las redes ciudadanas con el del poder adquisitivo de las clases medias latinoamericanas y, por el otro, el del acceso a las redes de información vía Internet con el de las clases culturales creativas en contextos localizados? Boaventura de Sousa Santos aporta algunos datos al respecto; la red de Internet que sirve en Sao Paulo –dice– es mayor que toda la red de África y la red de toda Latinoamérica es apenas mayor que la red que sirve a la ciudad de Seúl. ¿Cómo entiendes tú esta cartografía de la conectividad?
La posibilidad de acceso de las clases medias está sujeta al hecho de que son éstas quienes hacen todo el trabajo de administración de las elites. Esto es así en todo el mundo. Los que crean el software, los gerentes en una empresa, etcétera, son todos gente de clase media; son ellos los que hacen que las cosas funcionen. El argumento marxista que sostiene la existencia de dos clases productivas, la burguesa y la proletaria, es un paradigma que se ha puesto en cuestión, que hoy está en tela de juicio porque crea una cierta idea de lo que es la productividad.
Cuando hoy en día se habla de lo que es la creatividad se entiende que el recurso ha dejado de ser únicamente el carbón; ahora los recursos son las ideas. Hay un libro de Richard Florida que se llama justamente El auge de la clase creativa.4 Su autor entiende esta aparición como la formación de una clase social productiva, no improductiva, como la entendía Marx. Florida complementa de alguna manera a Marx al proponer que es una clase que está produciendo algo. Cuando se crea un software el cual puede crear otro, el producto final no es el software mismo, sino otro software-herramienta que facilita la administración de alguna tarea. Marx pensaba que si se producía un bien, éste tenía un valor de uso como producto, pero el valor de uso al producir un software no es un valor de uso para el ingeniero, ya que dicho producto es algo que él no va a usar. Su razón de existencia no es entonces un valor de uso, sino que es un valor de cambio, en tanto que se ha creado para crear a su vez otro software que se vende alos usuarios. Esto es totalmente diferente, en primera instancia, a lo que sería crear una casa, una comida, etcétera.
Desde este punto de vista la clase creativa está produciendo algo que no son las materias primas en el sentido antiguo. Ahora las “nuevas” materias primas pueden ser simplemente productos de la inteligencia. Uno puede vincular todo esto con Negri o con Virno. Lo que ellos dicen es justamente que hay que corregir a Marx puesto que estas formas inmateriales son también trabajo productivo.
Pero, no obstante, aunque aquellos obreros que están todavía reparando zapatos también pertenecen a la multitud, la situación europea es distinta a la latinoamericana. Lo que se ha generalizado es la cooperación, las redes, etcétera. Lo que tenemos entonces es a un tipo que todavía está haciendo zapatos pero que pertenece a este nuevo orden. Aunque en algunos casos africanos, latinoamericanos o asiáticos es muy difícil para mí decir que esa gente está totalmente fuera, que no pertenece de alguna manera a ese nuevo orden, existen por lo tanto algunas diferencias importantes. Visto desde Europa las cosas funcionan de una manera diferente a la visión que se tiene desde América Latina. Si uno piensa en Perú, Bolivia, Ecuador o en estos momentos en Argentina, ahí no se está hablando de cosas inmateriales, ahí los movimientos están hablando de tomar fábricas para producir cosas muy materiales y muy básicas.
Notas
1 Esta conferencia fue ofrecida por George Yúdice el 18 de mayo de 2005 en el auditorio de CaixaForum de la ciudad de Barcelona en el marco del encuentro Disidencias. Geografías del pensamiento contemporáneo.
2 Yúdice, El recurso de la cultura. Usos de la cultura en la era global, Gedisa, Barcelona, 2002.
3 Yúdice aborda esta idea en el capítulo “Producir economía cultural: el arte colaborativo de INSITE” de su libro El recurso de la cultura, op. cit.; en él, Yúdice utiliza el evento inSite como caso de estudio de la dificultad de poner en práctica un arte de colaboración comunitaria. El modelo ‘colaborativo’ implicaría entonces la idea de una labor compartida entre artistas y esfera social, pero que no se resolvería en una equivalencia de beneficios respecto a la autoría y el reconocimiento.
4 Richard Florida, The rise of the creative class. And how it’s transforming work, leisure, community and everyday life, Basic Books, New York, 2002.
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